Idea central
La tesis de fondo de Lobato es que el conflicto palestino no es un “choque eterno” ni un problema religioso ancestral, sino un proceso moderno de colonización de asentamiento, impulsado por potencias occidentales y sostenido después por Israel y sus aliados regionales. Desde esa lectura, Palestina ocupa un lugar central en la arquitectura imperial contemporánea porque combina valor geoestratégico, control de rutas, recursos energéticos y una función simbólica dentro de la lucha antiimperialista global.
El tono de Lobato es combativo, histórico y estructural: intenta desmontar la idea de que Palestina es un conflicto “inevitable” y reemplaza esa narrativa por otra centrada en colonización, desposesión, resistencia popular y geopolítica imperial. También deja un mensaje de fondo relativamente optimista para la resistencia: aunque el poder colonial sea brutal, no ha conseguido estabilizar del todo su proyecto porque la población palestina sigue existiendo, organizándose y resistiendo.
Israel está entrando en una fase de fragilidad histórica: la “invencibilidad” israelí habría quedado dañada, la guerra actual mostraría el fracaso del proyecto colonial, y el futuro apuntaría a una posible caída del régimen israelí.
Lobato también cuestiona a la izquierda europea cuando adopta una supuesta neutralidad sobre Irán, porque entiende que esa ambigüedad suele convertir la crítica al imperialismo en una posición selectiva e incoherente.
Colonización de Palestina
La colonización de Palestina comienza realmente hace poco más de un siglo, no “desde siempre”, y la compara con otros proyectos coloniales de reemplazo demográfico como Norteamérica, Australia, Nueva Zelanda, Sudáfrica o Argelia. Para él, el sionismo histórico se apoya en una lógica de colonización europea occidental, con llegada de colonos, compra de tierras a élites locales, expulsión de campesinos palestinos y construcción de una estructura política destinada a sustituir a la población nativa.
Papel británico y ONU
El Imperio británico fue decisivo al facilitar la instalación del proyecto sionista en Palestina, especialmente a partir de las primeras décadas del siglo XX. También presenta la partición de 1947 como una decisión profundamente ilegítima, porque otorgó a una población colonizadora recién llegada una parte mayoritaria del territorio sin consultar a la población autóctona.
Limpieza étnica y Nakba
En 1948 se llevo a cabo una limpieza étnica masiva: expulsión de unas 800.000 personas, destrucción de centenares de aldeas y vaciamiento del nuevo Estado israelí de gran parte de la población palestina originaria. A partir de ahí, se produce la formación de Gaza, Cisjordania y la diáspora como resultado de ese proceso de expulsión y fragmentación territorial.
Resistencia palestina
La resistencia palestina no nace como reacción aislada, sino como respuesta organizada de base frente a la colonización. Destaca varias etapas: el boicot económico temprano, la resistencia armada de los años 30, el papel de mujeres y comités populares, y después la reorganización de la resistencia desde los campos de refugiados tras la derrota de 1948 y la Guerra de los Seis Días.
Oslo como engaño
Los Acuerdos de Oslo no resolvieron nada y funcionaron más bien como una operación para sofocar la Primera Intifada y reconducir la cuestión palestina hacia un marco aceptable para Israel, Estados Unidos y parte de las élites palestinas y árabes. Señala que el proceso se dio en un contexto de desconcierto global tras la caída del bloque soviético, con una correlación de fuerzas muy desfavorable para los palestinos.
Jerusalén, refugiados y líneas rojas
Las negociaciones de Washington y Oslo chocaron con puntos esenciales que los palestinos no aceptaban ceder: Jerusalén, el retorno de los refugiados y el fin de los asentamientos. Esa imposibilidad de cerrar un acuerdo real explica por qué el proceso quedó en una ficción diplomática que no frenó la colonización sobre el terreno.
Dimensión geopolítica actual
Palestina se sitúa dentro de una crisis regional más amplia: Yemen, Siria, Líbano, Sudán y las tensiones con Irán forman parte de un mismo tablero antiimperialista y de contraofensiva imperial. Sostiene que Palestina está en el cruce de grandes ejes geopolíticos, entre África, Asia occidental y el Mediterráneo, y que por eso su importancia excede con mucho el conflicto local.
Gaza, Cisjordania y expulsión
El objetivo estratégico de Israel es vaciar Gaza y después presionar para despoblar Cisjordania, reduciendo al mínimo la presencia palestina en el territorio histórico. En su interpretación, la campaña militar no busca solo destruir a Hamás, sino alterar definitivamente la demografía y hacer inviable la continuidad nacional palestina.
Resistencias regionales
El “Eje de la Resistencia”, Hizbulá, Irán, Yemen y otros actores, han modificado el equilibrio regional. Aunque reconoce golpes muy duros contra Hizbulá y la pérdida de Siria como espacio de conexión estratégica, Lobato sostiene que la resistencia sigue viva y que Israel no ha logrado imponer una victoria decisiva en Líbano ni en Gaza.
Siria y ruptura del corredor
Siria ha sufrido una devastación extrema y su caída o fragmentación ha sido un éxito geopolítico importante para Estados Unidos, Israel y sus aliados regionales, porque corta la continuidad territorial entre los distintos focos de resistencia. Aun así, insiste en que la capacidad militar y política de los actores resistentes no desaparece automáticamente.
IHPS